viernes, 23 de agosto de 2013

Por sobre todo, creo en el derecho a la vida. La ley de vivir.

No es azar el existir. No es cosa del destino respirar. No se trata de suerte el estar viviendo.

Siempre he creído que todas las personas son como bolas de fuego azul, y me he imaginado que cada bola azul son sus almas. Miles de millones de almas, por doquier, todas y cada una levitando en un aire infinito y eterno. Todos los seres humanos que han existido, existen, y han de existir, allí, viviendo dentro de una bola de fuego azul. Almas. Vidas. Nosotros.

Hay dos personas jugando y haciendo malabares con aquellas bolas azules. Aveces pelean por ellas. Uno las protege, otro las lanza a acantilados y precipicios, y aquellas esferas de luz, dejan de brillar.

Creo que últimamente no se valora la vida. No se respeta el derecho a vivir. No hay amor propio. No hay amor sin orgullo.

Algo está mal.

0 comentarios:

Publicar un comentario