No es azar el existir. No es cosa del destino respirar. No se trata de suerte el estar viviendo.
Siempre he creído que todas las personas son como bolas de fuego azul, y me he imaginado que cada bola azul son sus almas. Miles de millones de almas, por doquier, todas y cada una levitando en un aire infinito y eterno. Todos los seres humanos que han existido, existen, y han de existir, allí, viviendo dentro de una bola de fuego azul. Almas. Vidas. Nosotros.
Hay dos personas jugando y haciendo malabares con aquellas bolas azules. Aveces pelean por ellas. Uno las protege, otro las lanza a acantilados y precipicios, y aquellas esferas de luz, dejan de brillar.
Creo que últimamente no se valora la vida. No se respeta el derecho a vivir. No hay amor propio. No hay amor sin orgullo.
Algo está mal.







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